PONEMOS NUESTRA INFORMACIÓN MÁS VALIOSA EN MANOS DE TERCEROS.

En los últimos tiempos hay una cierta resignación respecto a cómo nuestros datos de carácter personal son tratados en el ámbito de internet. Es algo que en muchas ocasiones aceptamos y consideramos intrínseco al tiempo que nos ha tocado vivir. Algunos dirán que es el precio del ecosistema digital en el que habitamos y que si el servicio es gratuito, qué vamos a hacer, el producto somos nosotros (nuestros datos).

La cantidad de información que las grandes corporaciones tienen de nosotros es ingente. Se podría reconstruir nuestro día a día sin ningún problema. No se olviden que vamos dejando rastro de todo lo que hacemos. Por ejemplo, nuestro teléfono móvil registra nuestra posición de manera continua y precisa. Es posible saber a qué hora hemos salido de casa al trabajo, en dónde nos hemos parado a tomar un café e incluso con quién nos hemos ido encontrando por la calle.

Lo curioso es que muchas veces somos nosotros mismos los que de buen grado  alimentamos «la gran nube». Piénselo bien. Seguramente toda su correspondencia está en un servicio online (miles y miles de correos electrónicos de todo tipo). Puede que una copia de todas sus fotos del móvil también. ¿Y qué me dice de la mensajería instantánea? ¿No utiliza a diario WhatsApp para comunicarse?.

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Ponemos nuestra información más valiosa en manos de terceros en la confianza de que sabrán tratarla con el respeto debido. Imagínense si alguien con recursos y acceso a toda esta información pudiera cruzarla y procesarla. Las consecuencias serían terribles. Pues esto es lo que precisamente hace dos años Edward Snowden, ex-empleado de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional (hoy exiliado en Rusia) mostró al mundo. Filtró documentos que probaban programas de espionaje y vigilancia a gran escala por parte de los Estados Unidos. Seguro que todos lo recuerdan: jefes de gobierno espiados y empresas tecnológicas que permiten acceso masivo a los datos de sus clientes. Tras las revelaciones, airadas protestas diplomáticas por los afectados y tibias disculpas del presidente Obama.

Pero tras este escándalo, lo cierto es que la situación ha cambiado poco. Salvo algunos aspectos puntuales, la cosa sigue estando más o menos igual. Los datos de los europeos se siguen transfiriendo a USA y no queda garantizado qué es lo que se hace con ellos una vez en dicho territorio.

CUESTIONANDO LA LEGALIDAD DEL ENVÍO DE DATOS DE CARACTER PERSONAL A USA.

Con el ánimo de cambiar esta situación, un joven activista austriaco llamado Max Schrems decidió enfrentarse a la todopoderosa Facebook cuestionando la legalidad del envío de sus datos a USA. Según cuenta Max Schrems, todo surge en un día que acudió a una conferencia impartida por un abogado de Facebook y se quedó estupefacto con la poca sensibilidad que tenía Facebook respecto a la normativa europea de protección de datos. Esto le llevó a iniciar una cruzada encaminada a lograr que Facebook cumpliera la normativa europea. Y ya tenemos el resultado del primer combate.

 

EL TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA UNIÓN EUROPEA ANULA EL «ACUERDO DE PUERTO SEGURO» O «SAFE HARBOUR».

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha dado la razón y ha anulado el conocido como «acuerdo de puerto seguro» o «safe harbour». ¿El motivo? Para el Tribunal, USA ya no tiene un nivel de protección equiparable al europeo. Los accesos masivos a datos por parte de la Administración de Estados Unidos y la falta de control sobre esos accesos han sido determinantes para el Tribunal.

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Y es que este acuerdo de puerto seguro era el principal mecanismo legal utilizado para transferir a los Estados Unidos los datos de los europeos. Articulaba un sistema sencillo: simplemente las empresas estadounidenses tenían que solicitar acogerse a una serie de principios de protección de datos, de forma que se les considerase «aptas». Así las cosas, casi 6.000 empresas de los Estados Unidos se han adherido al acuerdo de puerto seguro y han podido almacenar datos de millones de europeos.

Pero la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea lo ha cambiado todo. De la noche a la mañana ha desaparecido el soporte legal para las transferencias de datos amparadas en este sistema. De un plumazo las empresas americanas no pueden «repatriar datos» con ese sistema pero ojo, tampoco las empresas y autónomos europeos  pueden utilizar los servicios ofrecidos por estas empresas para tratar datos de sus clientes (si es que las transferencias eran articuladas bajo este acuerdo).  Por ese motivo, es tiempo de revisar todas las situaciones que podrían estar en riesgo y en su caso buscar una alternativa que se ajuste a la Ley para evitar ser sancionado. Lo más probable es que más pronto que tarde veamos un nuevo acuerdo con muchas más garantías y controles que la situación de la que venimos: y es que la posibilidad de los tribunales de volver a anular este tipo de acuerdos ya no es algo lejano.

 

Un artículo de Álvaro Abáigar (Director del Departamento de Nuevas Tecnologías y Propiedad Intelectual e industrial).

Dicho artículo fué publicado, el  viernes 23 de octubre, en la edición impresa del Diario de Navarra.

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